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Mallorca, Isla de Oro y Plata

Tras mi viaje espiritual por Asturias, donde disfruté de unos días de auténtica relajación, y aprovechando que ya llegaba el buen tiempo, decidí planificar mis vacaciones a Mallorca y disfrutar de su encanto. Quería, siguiendo mi línea de chica viajera, descubrir no tanto la parte nocturna y moderna, sino la rural y tradicional. Quería ver los encantos escondidos de las islas, tanto de Mallorca como de Menorca, en el tiempo del que disponía que desafortunadamente no era mucho, pues me había tomado unos días libres antes de las grandes vacaciones de verano. Un amigo del trabajo me comentó que no me perdiera el dar un paseo en bici por la Sierra de Tramontana, no en vano fue declarada Patrimonio de la Humanidad hace unos años. Así que semanas antes ya estaba recopilando información sobre alojamientos rurales en la isla, empresas de alquiler de bicicletas, restaurantes típicos y demás. Quería una experiencia en la que no tuviera que improvisar mucho ni pensar en opciones, ya tendría el trabajo hecho.

Suerte con los amigos de Mallorca

Llegó el día del viaje y por casualidades del destino un compañero de trabajo iba a visitar a su familia en la isla en esos días. Me prestó su coche sin problema, es un tipo muy amable y generoso. Así que ya tuve transporte sin necesidad de alquilar. Con el dinero que me ahorré decidí ampliar un par de días más mi estancia. Llamé al primer alojamiento rural que había seleccionado para asegurarme de que estaba todo correcto. Empaqué mi mochila de viaje, con poquita cosa como siempre, y salí de casa con la ilusión del viajero recorriendo mi sonrisa.

Cuando, ya embarcada, vi de lejos Mallorca me puse muy contenta pues las previsiones de días soleados y en calma se cumplían. Durante ese día haría una rápida visita a Palma, y a última hora de la tarde me recogería mi compañero con su coche. Mi primer destino una vez en tierra fue visitar la catedral, la Seo. Es una impresionante construcción que comenzó en el siglo XIV. La verdad es que es preciosa. Se nota la mano de Gaudí en su interior. Seguí la ruta entre la catedral y la Plaza del Cort, donde pude ver algunos edificios emblemáticos como el Palacio Arzobispal, los Baños Árabes, la Iglesia de San Francisco… Me gustó mucho La Lonja, el Museo de Bellas Artes. De estilo gótico, construido por Guillem Sagrera, es un amplio edificio de bellísima fachada con unos interiores de gran atractivo estético. El Paseo del Borne es el centro de la ciudad, un lugar muy vivo, donde la gente siempre está presente. Es un barrio de edificios y palacios, pues la isla fue todo un hervidero de nobleza y comerciantes venidos desde toda Europa en los siglos XVII al XIX, especialmente italianos. La verdad es que las horas pasaban y tampoco tenía mucho tiempo de verlo todo ya que en este viaje quería descubrir más el aspecto rural de las Baleares.

Calvià

Llegué bastante tarde a Calvià, donde se situaba mi primer alojamiento rural de la ruta. Era una casita de agroturismo, muy bien decorada con todo tipo de enseres y herramientas usados en el medio rural de Mallorca. Un museo en pequeño muy coqueto, con estanterías de celosía iluminadas, mostrando diferentes objetos tradicionales. Fui recibida muy amablemente a pesar de llegar ya entrada la noche. Dormí de un tirón, el día había sido muy ajetreado e intenso, ¡espero que el resto del viaje sea más tranquilo!

El día siguiente lo pasé recorriendo la zona y paseando por la vida rural. Un paisaje de olivares eminentemente mediterráneo pintaba el horizonte, en contraste con el bullicio del día anterior. Visité el castillo local, el Castillo de Bemdinat, una fortaleza del siglo XVIII. Y también la iglesia, una bonita realización románico-gótica. Y como ya era la hora del almuerzo, y había hecho mis deberes anotándome en mi teléfono un par de restaurantes típicos, me dispuse a descubrir mi otra pasión viajera: la gastronomía tradicional. ¡Y qué bien que comí ese día! Un tumbet delicioso, además del colladet de sepia, ¡divino! El tumbet es una especie de fritada de verduras muy sabrosa y el colladet un arroz negro con sopas tostadas, muy marinero como debe ser en una isla. El día continuó con mis paseos por Calvià y zonas cercanas, aunque sería al día siguiente cuando me adentraría un poco más en la Sierra de Tramontana, empezando por Andratx y terminando por Pollensa, al norte. Volví a mi alojamiento rural y descansé profundamente.

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Una parada rápida en Andratx.

Me levanté al alba y me puse en marcha. Como soy de llevar muy poco la verdad es que tras ducharme y arreglarme sólo me llevó media hora estar en camino. Hoy quería descubrir la región de Andratx y su costa. No me paré mucho en Andratx, lo justo para hacer unas compras y continuar al puerto. Me gustó mucho, es el típico puerto isleño, con muchos veleros, lanchas y yates. El lugar estaba muy animado, quizás por ello pasé por tiempo allí. Ya sabéis que soy más de estar sola los días que me tomo de descanso y aprovecho para viajar. Y como hacía un solecito agradable, y el frío invernal ya pasó hace meses, cogí el camino de una calita que había visto muy paradisíaca, la Cala D’egos y sus alrededores prometían mucho. Y no me defraudaron. ¡Que preciosidad! Aguas esmeralda, cristalinas, muy recogidas. Se me pasaron las horas volando paseando y tomando el solecito. Y pude ver el atardecer allí, que maravilla. El dorado del sol se reflejaba en las puras aguas marinas, y todo a mi alrededor se inundó de preciosos tonos oro y ocre. Disfruté del espectacular anochecer y volví al coche, tomando la ruta de mi próximo alojamiento rural en las afueras de S’Arracó. Ya había avisado de que llegaría tarde, no hubo problema con mi check-in. Este viaje estaba resultando ser algo movido, pero no quería quedarme quieta. El alojamiento estaba decorado al estilo colonial, moderno con todas las comodidades pero con un toque tradicional. No estaba nada mal. Por la mañana desayuné bastante bien y continué mi ruta por la Isla.

Los siguientes días los pasé en la zona de Son Termes. Es una parte de la Sierra de Tramontana preciosa, destacando Son Tries, verde y limpia. Visité diversas calas, parando en diferentes alojamientos rurales. Mallorca estaba resultando ser más profunda y compleja de lo que había previsto en un comienzo y los días se terminaban. Hasta el punto de que no me dio tiempo a ver todo lo que quería, pues deseaba visitar también Menorca pero tuve que dejarlo para un segundo viaje. Me prometí que sería muy pronto.

No podía dejar Mallorca sin llevarme un Xiurell, un simpatiquísimo silbato con forma humana o de animal, de color blanco y decorado con rayas rojas y verdes. Es algo muy tradicional de allí, y el mío lo compré en una tiendecita alfarera muy característica que descubrí mientras paseaba en bici.

Terminé mi viaje en un alojamiento rural de la costa de Tuent, donde admiré una luna llena plateada reflejada en el tranquilo mar mediterráneo. Por eso, y para siempre, quedará en mi memoria: “Mallorca, Isla de Oro y Plata”.

 

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EL continuo de mi viaje en Asturias – Covadonga

Tenía que continuar mi viaje. Y mi destino ahora se situaba en un lugar de visita obligada: el parque nacional de Los Picos de Europa. Maravilla de la naturaleza que todavía tenemos y ojalá sea así por siempre. Mi alojamiento rural se situó en Cangas de Onís. Quería conocer el lugar, su famoso puente romano. Antes de ir a los Lagos de Covadonga me hice con el pueblo. Como no, descubrí su antiquísima ermita de Santa Cruz, con el famoso dolmen prehistórico. O el palacio Pinto. O su mercado. Tantas cosas preciosas. Y la gastronomía, una delicia. Así que disfruté Cangas paseando todo el día.

El Santuario de Covadonga

Al día siguiente monté en el coche y me dirigí al Santuario de Covadonga. Es difícil describir ese enclave natural sin ser poeta o gran literato. Y allí encontré el motivo de mi viaje y su consecución, pues me di cuenta de que es lo que había venido a buscar. Verde y piedra entremezclados en tonalidades que infunden paz al espíritu. Tras pasar por allí varias horas paseando me percaté de que la noche estaba al caer y tenía que acercarme aún al alojamiento rural donde tenía habitación reservada. Muy cerca del lugar, apenas unos pocos cientos de metros, encontré ese pequeño rincón tan acogedor que me habría quedado allí para siempre. La casa era muy cálida y la cena fue excelente, y al día siguiente había pote, ¡rico! Me entretuve un rato leyendo los trípticos sobre las aventuras 4×4 y los senderos a caballo. Soy más de naturaleza así que me quedé con los caballos en el bolsillo y me fui a descansar.

Un poquito de Agriturismo…

Los siguientes días los pasé descubriendo Covadonga y sus famosos lagos. Los Picos de Europa son en verdad algo único. Anduve por caminos perdidos, visité algunos restaurantes tradicionales e hice un poco de agroturismo siguiendo las sendas. Hacía tan sólo una semana que había llegado a Asturias y ya se me había olvidado que tenía otra vida antes de eso. Desafortunadamente mis días de vacaciones terminaron y tuve que regresar a eso que llaman la civilización. Me apené por ello, pero es mejor haber tocado el cielo que no conocerlo. Asturias es lo más cercano al edén que tenemos en España, y si quieres encontrar la paz y la calma seguir sus rutas tradicionales y visitar su historia te hará mejor en todos los sentidos. Descubrí alojamientos rurales cálidos, de propietarios amables y hospitalarios, casi parecía estar en familia. El legado celta se respira por todas partes y ciertamente tuve que escribir mi experiencia para que otros tengan la oportunidad de vivirlo. Sin dudarlo, volveré a Asturias.

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Días de ensueño en Asturias

Mis amigos ya conocen mis escapadas, por eso no les sorprendió cuando les anuncié que me iba a conocer Asturias. Quería disfrutar de unos días, sola, relajada, quitándome el polvo de tanta batalla en el trabajo. Volver a ser yo. Que mejor forma para hacerlo que regresar al campo, al verde tranquilizador de almas que recupera los corazones cansados. Preparé mi mochila. No llevé más de lo imprescindible, pues era mi idea ir ligera de peso en mi viaje peregrino que me mostraría los secretos de una tierra maravillosa a la que llevaba demasiado tiempo sin ver. Buscaría un alojamiento rural con encanto, descubriría los secretos de la zona como un niño jugando a ser pirata que busca su tesoro. Luego, una vez satisfecha, viajaría al siguiente entorno, donde quizás subiría a una alta colina desde donde disfrutar del paisaje.

Asturias me esperaba ansiosa.

Mi primer paso fue llegar a Oviedo, que serviría de antesala a la aventura rural más mística. Recorrí sus calles llenas de calidez y saboreé como no la sidra y vinos por las calles de Campoamor. Hasta el nombre es inspirador. Disfruté con la hermosa catedral gótica de San Salvador, y ya en línea con la experiencia religiosa seguí con las iglesias de Santa María del Narranco y San Miguel de Lillo, en una preciosa ladera del monte Narranco.

Continué mi aventura viajando a Tuñón, donde quería conocer la famosa Senda del Oso. Los alojamientos rurales de la zona son conocidos por ser muy hospitalarios y cómodos, así que decidí quedarme en uno muy bonito cerca del pueblo. Los días siguientes los pasé conociendo la naturaleza y recorriendo el camino verde que lleva a Entrago. Es un lugar maravilloso: ríos salvajes, naturaleza viva llena de color, ¡y osos! A mis 35 años todavía no había visto ninguno en directo, pero tuve la oportunidad de conocer a Tola, una osa rescatada que se puede observar sin peligro.

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Somiedo y mucho mas de Asturias.

Tras dos noches en el estupendo alojamiento rural en el que pernocté, me preparé para viajar a mi próximo destino: el parque natural de Somiedo. Tenía reservada una bonita casa, un alojamiento rural tradicional en Las Viñas. Resultó ser preciosa, muy económica y cómoda. Además se agradecía esa chimenea nocturna. Conocí allí a un matrimonio que se alojaba en la planta baja. Cenamos juntos un delicioso cachopo acompañado de buen vino y la verdad es que se nos hizo muy agradable la noche. Me contaron que eran de Madrid y venían muy a menudo a disfrutar de la naturaleza Asturiana. Y es que Asturias es mucha Asturias. Yo apenas la estaba descubriendo y ya estaba enamorada, y creo que llevaría una vida y algo más conocerla entera. Me recomendaron visitar diversos lugares donde se realizaban labores tradicionales de agricultura y artesanía. Y así, mientras descubría la belleza de Somiedo, visité algunos de ellos. Fue toda una experiencia ver cómo se elaboraba la sidra, las grandes barricas, y los huertos ecológicos. Mención especial a las colmenas. Y lo mejor, poder degustar todos esos productos. ¡Se notaba tanto que provenían de la misma tierra! Un sabor profundo, sano, de intensos matices. Merece la pena visitar Asturias y su entorno rural tan sólo para poder saciar tu apetito de naturaleza…